La tecnología puede convertirse en una gran aliada pero también es un arma de doble filo. Gracias a la tecnología podemos mantener el contacto con las personas que amamos y que están lejos o podemos perder el contacto con quienes están a nuestro lado y volvernos distantes. La tecnología en sí no es dañina, todo depende de lo que hagamos con ella.

Recientemente, un estudio muy interesante desarrollado en la UCLA ha afirmado que el uso sistemático de los dispositivos electrónicos puede tener efectos perjudiciales en los niños. Estos investigadores trabajaron con más de 100 niños de sexto grado, los cuales tenían la tarea de juzgar las expresiones faciales de diferentes personas, tanto en fotografías como en vídeos, que expresaban desde alegría hasta ansiedad, tristeza o rabia.

Los niños que estuvieron privados de la tecnología eran mejores leyendo las expresiones faciales. Exactamente, el número de errores que cometieron se redujo a un tercio de las equivocaciones en las que incurrieron los niños que habían estado en contacto estrecho con la tecnología durante toda la semana.

Después de estos resultados a los investigadores no le caben dudas: el hecho de que las pantallas absorba la atención de los niños durante tanto tiempo, les dificulta interactuar cara a cara, lo cual daña sus habilidades sociales.

Los niños que estuvieron privados de la tecnología eran mejores leyendo las expresiones faciales. Exactamente, el número de errores que cometieron se redujo a un tercio de las equivocaciones en las que incurrieron los niños que habían estado en contacto estrecho con la tecnología durante toda la semana.

 

Muchos padres apuestan por la tecnología para que sus hijos se entretengan y les dejen tranquilos. De hecho, en la sociedad actual, es vital saber manejar la tecnología pero no podemos olvidar que las habilidades sociales necesitan un caldo de cultivo idóneo para desarrollarse.

En este punto queda claro que los dispositivos tecnológicos no pueden ayudarles a los niños a desarrollar sus habilidades sociales y que es necesario limitar su uso a lo largo del día, de manera que los pequeños tengan más oportunidades para relacionarse con sus coetáneos y con los adultos. Las máquinas pueden entretener, pueden transmitirnos conocimientos y nos pueden facilitar la vida, pero no nos transmiten amor. Y el amor es esencial para que un niño crezca sano y feliz.

Fuente: http://www.rinconpsicologia.com